Milenio negro, de J. G. Ballard

Milenio NegroMilenio negro, o Millennium People, fue la penúltima novela escrita por J. G. Ballard. Publicada en 2003, es una obra que muestra con exactitud lo que llevamos de siglo. Al igual que tantas otras novelas escritas tras el 11S, ha abandonado cualquier optimismo al definir la sociedad contemporánea y afrontar sus ciudades y barriadas, el individuo perdido y carente de ambiciones vitales, la incomprensible y destructiva economía, la banalidad de la vida una vez superada la falacia del consumismo para encontrar la felicidad…

David Markham es un psicólogo especializado en relaciones laborales. Alguien apático y no demasiado hablador que pierde a su ex mujer tras la explosión de una bomba en un aeropuerto. Aunque se sospecha de distintos grupos terroristas, el atentado carece de autoría y David decide investigar por su cuenta. Así comienza un catártico recorrido por las revueltas sociales que empiezan a aparecer en Inglaterra y sus grupos más subversivos. Participa en manifestaciones de toda índole, algunas casi ridículas, y tras pasar por el juzgado al ser pateado por amantes de los gatos, un extraño grupo de personajes nihilistas se fija en él. En su aprendizaje, mantiene charlas ideológicas con gurús de los movimientos sociales, es manipulado para posicionarse en su mismo punto de vista, una tarde realiza encuestas por un barrio acomodado realizando preguntas incómodas que atacan la filosofía de vida de sus habitantes… Después, de forma más participativa y menos observadora, empieza a apoyar las revueltas de Chelsea Marina, epicentro de la explosión violenta iniciada por la clase media inglesa.

Ballard propone en Milenio negro la idea de que la clase media actúa de forma violenta como respuesta a la insatisfacción que produce su existencia. En un certero diálogo lo resume así:

-Una revolución de la clase media. La que tú pusiste en marcha. ¿No es así?

-No exactamente. La protesta de la clase media sólo es un síntoma. Forma parte de un movimiento mucho mayor, una corriente que atraviesa todas nuestras vidas, aunque la mayoría de las personas no se dan cuenta. Hay una profunda necesidad de actos sin sentido, cuanto más violentos, mejor. La gente sabe que su vida no tiene sentido, y comprende que no puede hacer nada para remediarlo. O casi nada.

Hay momentos en los que la narración de Milenio negro se acerca más al análisis sociológico que a una novela. Al igual que en Furia feroz, la historia se vuelve incómoda por la rigidez descriptiva y la frialdad del autor. Utiliza escasos adjetivos y se centra en el continuo pasar de la acción. Hay tramos donde parece encuadrada en el naturalismo: alejada del interior de los personajes, muestra los sucesos de un modo objetivo, cualquier emoción o recreación en los actos queda a la imaginación del lector. Ballard, que en su libro de entrevistas Para una autopsia de la vida cotidiana afirma pasar los días solo en su casa de los suburbios mientras lee revistas científicas y ve la televisión, parece escribir su análisis de una hipotética respuesta violenta desencadenada por las aburridas vidas que observa a su alrededor.

Millenium People

Existe un problema en la morosidad dialéctica de los personajes que empuja a encontrar maniqueas gran parte de las conversaciones. No resultan naturales. Todo encuentro tiene su función y el autor parece olvidarse de darles humanidad. Del mismo modo, algunas escenas son demasiado esquemáticas. Aparte del estilo, creo que también es un problema de extensión; la obra ganaría con un centenar de páginas más. El personaje principal, un psicólogo, tampoco aporta soltura a la narración: se muestra demasiado observador para el devenir de los actos y hay momentos en los que no resulta creíble. Estas pegas pueden incomodar la lectura. No lo suficiente como para dejarla, pero sí evita –o evitó en mi caso- su rápida lectura.

Ballard vaticina en Milenio negro lo que ocurriría un lustro más tarde: el despertar y la lucha de las clases adormecidas al ver mermada su economía, el encuentro entre la burbuja y la realidad. La clase media, ese término tan positivo una década atrás, hoy simboliza una lucha por la estabilidad que parece perdida. La violencia más incomprensible se apodera de la sociedad y el telespectador no intenta comprender lo que ocurre: demasiadas facciones, demasiada información y pocas fuentes capaces de aclarar la realidad. Sea una bomba en una catedral, treinta asesinatos a machetazos en una estación de tren o un asesinato cuya víctima fue casual. Existen unas motivaciones a nivel personal que pueden resultar incomprensibles desde un punto de vista global. Ballard lo entiende, pone a sus personajes al límite, sea por desastres naturales o actos terroristas, y nos sacude con dilemas y dudas morales.

Las últimas novelas de Ballard son más legibles para el gran público, pero no por ello menos para el que también ha pasado por La sequía o Rascacielos. Sin llegar a ser sobresaliente, suelen ser superiores a la media. Han pasado diez años desde su publicación, y esta novela especulativa es de las que ocurren pasado mañana, vamos, en este mismo momento.

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