El gran retrato, de Dino Buzzati

El gran retrato

El gran retrato

Una pequeña editorial, Gadir, ha encontrado un modesto filón en la recuperación de las obras de Dino Buzzati, y el año pasado le llegó el turno a la reedición –tras 40 años fuera de las librerías españolas– de su única novela incondicionalmente de ciencia ficción, El gran retrato –sí tiene numerosos cuentos en esta vena, notablemente en la inencontrable antología Historias del atardecer–.

El intríngulis futurista de la novela no quedará de manifiesto hasta bien entrada su segunda mitad. Sí sabremos, hasta entonces, que el profesor Ermano Ismani debe partir, acompañado de su esposa, hacia una instalación secreta –cuyo ambiente evoca al de El desierto de los tártaros– con una misión poco especificada. Esa primera mitad de la novela es algo morosa y en ella Buzzati conduce la intriga hasta un punto difícilmente soportable por el lector, que se pregunta en medio de pistas contradictorias cuál es la tarea que Ismani debe afrontar en compañía de un grupo de científicos de primer nivel en medio de un secreto máximo.

La segunda parte, la propiamente de género, supone un cambio brusco en el desarrollo de la narración. Es, por el contrario, algo apresurada, aunque el cambio de ritmo no resulte tan llamativo como incluso el cambio de protagonismo, puesto que Ismani prácticamente desaparece y deja paso a otros personajes hasta entonces ensombrecidos, que son los afectados por los hechos de interés.

0133Buzatti.jpg Una vez más, tenemos a un autor de fuera del género empleando las temáticas de éste pero totalmente ajeno de sus convencionalismos. Hay, por ejemplo, un fondo «espiritural», por así decirlo, en la evolución de los hechos que los escritores de cf, mayoritariamente agnósticos, sentirían casi como ridículo introducir en sus argumentos. También encontraremos una historia de amor que resulta ser el motor de fondo: curiosamente, en la contraportada, los editores no sólo no eluden el hecho de que la obra es de ciencia ficción sino que dicen de ella que podría pertenecer a «un peculiar género de ciencia ficción metafísica o ciencia ficción amorosa». Cierto es que la verosimilitud, estrictamente hablando, es perdedora frente a la búsqueda de algunas sensaciones.

Más allá de los detalles temáticos, los lectores de El gran retrato encontrarán un diseño de personajes impresionista –de grandes y eficaces trazos– y una sensibilidad muy infrecuentes en el trato de temáticas de género. Los problemas de ritmo y el excesivo estiramiento de la tensión dramática inicial hacen que no sea una novela tan redonda como El desierto de los tártaros, pero en cualquier caso habamos de una obra  destacable, de un sorbo rápido y sabroso de imaginación y sentimiento.

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