Los minutos negros, de Martín Solares

Los minutos negrosUno de los recuerdos grabados en mi memoria tras mi año en Texas fue la situación que atraviesa México debido al narcotráfico; es obvio, desde la perspectiva al norte del Río Grande. Muchos de mis compañeros de High School, varios alumnos, el encargado del Ministerio de Educación… me trasladaron la siguiente cantinela: no atravesar la frontera por los pasos situados al sur del país. Entre sus argumentos se repetía la palabra secuestro, y del vocabulario utilizado para relatar anécdotas me he traído “para atrás” términos como balacera o corbata colombiana. O anécdotas tremendas como la que, con un tono quedo, me relató uno de mis güercos del período 3/4 A sobre la muerte de su primo y un par “badis” al saltarse un control militar cerca de Reynosa. Pero no es cuestión de ponerse apocalíptico. Había bastante gente que atravesaba habitualmente “los puentes”. Normal cuando se tiene familia en el norte de México, un “rancho”, amigos… Aunque el miedo campa por sus respetos de la mano de una idea recurrente: cualquier tiempo pasado fue mejor. Un hecho inapelable cuando hablamos de la violencia, pero que ya no está tan claro cuando el tema pasa a ser la corrupción política o policial.

Los minutos negros es una novela negra escrita hace casi una década y construida mediante el diálogo entre dos épocas: el México de comienzos del siglo XXI, ya deformado por la presencia del narco, y el de los años 70, con un nivel de violencia bajo mínimos. La conexión entre ambos escenarios, que en el fondo son el mismo, se establece mediante unos truculentos asesinatos acaecidos a finales de dicha década e investigados por un periodista asesinado al comienzo de la novela. Un crimen asignado a “Macetón” Cabrera, agente de la policía en una ciudad ficticia en la costa del Golfo de México, probablemente en el estado de Tamaulipas.

Las pesquisas de Cabrera le llevan a navegar por las tormentosas aguas de la corrupción policial, eco de la miasmática situación política. Este ambiente putrefacto se hace particularmente visible cuando, después de las cien primeras páginas, Los minutos negros retrocede un cuarto de siglo para relatar la investigación de otro policía: Vicente Rangel, recién llegado a la escena del primer crimen. Es el comienzo de una segunda radiografía de las entrañas de la sociedad de Paracuán, aquejada ya entonces de un elevado grado de descomposición sin conexión con el crimen organizado. Ahí radica la carga de profundidad plantada por Martín Solares: se remanga hasta los codos y escenifica una denuncia de una corrupción sistémica, un parásito descomunal atrincherado en su interior, se puede suponer, desde la época del virreinato.

Aparte de esta militancia, destaca la humanidad de sus dos protagonistas. Personajes relevantes por sus flaquezas y dudas, obligados a desenvolverse en un entorno ajeno a la honradez y la honestidad, ante el cual han sobrevivido a base de pasar de puntillas, esquivar complicaciones o combarse ante la presión sin llegar quebrarse. Opciones ahora fuera de su repertorio ante la magnitud de sus investigaciones. También me ha agradado la ambientación de Los minutos negros, especialmente los giros verbales utilizados por Solares según el periodo en el cual se situara la acción. Un ingrediente de especial atractivo para el lector español, aunque también dificulta levemente la comprensión de algún pasaje.

La novela también tiene sus debilidades, en su mayoría originadas en su estructura; a ratos un pequeño desbarajuste en el cual el narrador omnisciente sacrifica fluidez a medida que acumula acotaciones, personajes y situaciones prescindibles. Vale, muchos compañeros de Macetón y Rangel sirven para mostrar el deterioro social y, de paso, conectar ambos segmentos temporales; son el cemento de la continuidad de la historia. Pero en su mayoría pintan tan poco en la trama como la enmarañan de manera innecesaria. Algo particularmente evidente en la aparición de un personaje real en la ficción, el Doctor Quiroz Cuarón, o las menciones gratuitas a B. Travern o Alfred Hitchcock. Estos problemas narrativos se pueden ver también cuando Solares no acierta a comunicar cierta información a través de las pesquisas de los policías y la enchufa a través de las declaraciones de personajes secundarios; confesiones de diversa índole construidas para comunicar hechos ajenos a la experiencia de Cabrera y Rangel, pegotes gratuitos que se podrían haber evitado con otra estructura.

Los minutos negros ofrece una lectura con un subtexto afilado, a ratos lastrado por una construcción narrativa heterodoxa. Aun así, es una novela recomendable si interesa una novela negra ajena a los ambientes españoles, yanquis o nórdicos; los clados predominantes en nuestras librerías. Además es un complemento perfecto a las ficciones sobre México que, en su mayoría, nos llegan desde el norte de la frontera. Así somos en la “metrópoli”, más pendientes de otro país con el que, culturalmente, estamos menos relacionados.

Los minutos negros (Random House Mondadori, Roja&Negra, 2013)
Rústica. 408 pp. 17.90 €
Ficha en La web de la editorial

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