Híbridos y engendros, de George R. R. Martin

Híbridos y engendrosHíbridos y engendros es el segundo volumen de los tres en los que Gigamesh ha dividido GRRM: A RRetrospective, la autobiografía literaria del autor de Muerte de la luz. El libro acompaña las narraciones breves más señaladas de sus diferentes periodos creativos con breves ensayos en los cuales repasa su vida y presta atención a todo lo que influyó en la escritura de las piezas seleccionadas. Sin duda, una mezcla muy atractiva para el Martin zombie, más tras su conversión en leyenda vida de la narrativa y el consecuente encarecimiento de los contados libros de relatos traducidos en el pasado. Libros, es necesario recordar, saldados en su momento por cuatro duros.

Como comentaba en la reseña de Luz de estrellas lejanas, todo apuntaba a que Híbridos y engendros sería una entrega todavía mejor; no por nada estaba destinado a recoger obras producidas ya en su madurez. Sin embargo, por motivos que derivan sobre todo de cómo se ha confeccionado el volumen, su lectura me ha dejado un poso agrio. Especialmente porque una cuarta parte de su extensión se desperdicia en recoger dos guiones escritos durante su malhadada etapa como creador televisivo. Visto con la distancia que dan los años, un período cuyo bagaje se puede tildar, dependiendo de las ganas de sembrar polémica, entre discreto y estéril.

El primero, “El camino menos transitado”, es una de sus aportaciones para Más allá de los límites de la realidad; el revival ochentero de La dimensión desconocida cuyo recuerdo, justa o injustamente, padece la sombra del clásico televisivo creado un cuarto de siglo antes por Rod Serling. “El camino menos transitado” es una historia sobre la culpa y los fantasmas del pasado construida a partir de la guerra del Vietnam y adolece de lo habitual en este tipo de casos: el guión está pensado para otro medio en el cual los actores, la fuerza de las imágenes, la cadencia de la narración… le dotan de cualidades con las que no cuenta en la hoja de papel. Además los diálogos tampoco tienen excesivo gancho, un aspecto que tampoco sorprendente. Estamos ante un episodio más de una serie irregular como se ruedan cientos al año. Una curiosidad prescindible.

El segundo guión recogido en Híbridos y engendros, “Puertas” cuenta con un poco más de atractivo: supone el what if más brutal de la vida de Martin. Si el piloto que se rodó a partir de él hubiera ido a algún sitio, todo hace pensar que Canción de hielo y fuego habría llegado más tarde de lo que llegó… si hubiera sido escrita. En cierta forma su fracaso dejó “espacio” para el inmenso éxito posterior. Pasando al guión en sí, lo abandoné a las poca páginas de comenzar; lo encontré tan soso como aburrido. Desde luego, nada comparable al ensayo donde Martin cuenta parte de los vericuetos a los que se enfrentó para sacar ambos episodios adelante. Una peripecia valiosa para comprender el tipo de selva a la que se enfrentan los creativos del mundo audiovisual, repleto de contingencias de producción reñidas con el sentido común y decisiones empresariales de lo más caprichosas. Lo único relevante de este apartado.

Pasando a la narrativa literaria en sí, mi segundo desencuentro surge del gran aporte de Híbridos y engendros al conocimiento de la obra de Martin en España: la primera traducción para nuestro país de “Nómadas nocturnos”. Premio Locus a la mejor novela corta en 1981; la muestra perfecta de su popularidad entre los lectores de ciencia ficción de la época. A priori se me hacía extraño que no hubiera sido recuperado con anterioridad, pero después de leerla lo entiendo un poco mejor. Es una narración menor que, si llega funcionar de alguna manera, lo hace como historia de serie C sin demasiada chicha. Me cuesta entender cómo un escritor con su demostrado dominio sobre la narración pudo alumbrar un relato de terror con un lugar común tan explotado y pasar de puntillas sobre elementos cruciales como la caracterización de personajes o la atmósfera de la historia.

Porque “Nómadas nocturnos” es la enésima variante de “tripulación de una nave se enfrenta a un mal que los acecha y elimina desde dentro”. Sin embargo aquí lo que pasa con la tripulación da un poco lo mismo. De hecho cuando empiezan a morir no sabes muy bien quiénes son porque apenas se han presentado convenientemente. Mientras, el personaje más o menos protagonista es una engreída de dimensiones heinlenianas, de esas que estás preguntándote todo el rato por qué no la matan de una vez. La atmósfera durante gran parte de su extensión es insípida y dista un eón de ser tan opresiva, angustiosa o tensa como debiera. Salvo un breve fragmento hacia el final, todo se fía al origen del “mal” y su conexión con el misterioso capitán de la nave. Como baza tampoco está mal, pero recuerda al jugador de chica en el mus. Se lleva un celebrado punto en cada mano, pero casi siempre perderá los pares y jamás logrará el juego. Aunque es un relato que tenía que estar. Como debiera haber estado “En la casa del gusano”, el reverso oscuro de “Nómadas nocturnos”, ausente de la edición original. Una historia con una atmósfera lovecraftiana mucho mejor construido, también relacionado con el universo en el cual se desarrollan la inmensa mayoría de sus relatos de ciencia ficción.

Martin hace 30 años... más o menosMi tercer “pero” en este informe en minoría es una cuestión todavía más intransferible. Años más tarde, Martin escribió “bien” “Nómadas nocturnos” cuando se vio obligado a presentar a su personaje Havilan Tuf para el libro Los viajes de Tuf. Ese relato largo/novela corta, “La estrella de la plaga”, comparte muchas similitudes con “Nómadas nocturnos”, pero trabaja mucho mejor todos los aspectos de la narración. Sin embargo no fue el relato elegido por Martin para representar a Tuf. Se decantó por dos de los primeros cuentos del personaje: “Una bestia para Norn” y “Guardianes”. Historias sencillas construidas alrededor de enigmas / juegos ecológicos que el misántropo ingeniero debe resolver. Ciencia ficción clásica bien hecha.

Pasando ya al material menos “controvertido”, Híbridos y engendros cuenta con varios de los relatos de terror fetén escritos a comienzos de los 80, que ya habían sido traducidos en su totalidad. “El tratamiento del mono” cuenta cómo su protagonista entra en un extraño establecimiento para adquirir un remedio para su obesidad: un mono que, situado a su espalda, se comerá todo lo que quiera llevarse a la boca. Las exageradas consecuencias de tal adquisición dan forma a una sátira del mundo de la imagen y las dietas de adelgazamiento tan negra como divertida. “El hombre con forma de pera” es una solvente muestra de terror cotidiano que destaca por cómo su protagonista se termina obsesionando con un peculiar vecino que la acecha desde el sótano. Además tiene una inesperada conclusión que recrea una forma de pérdida de la personalidad y asimilación ya presente en otras historias de Martin. A su vez “Recuerdos de Melody” es el reverso personal de “El camino menos transitado”, una nueva historia sobre la culpa, más íntima y sombría.

No obstante estos tres cuentos carecen del punto subversivo de “El hombre de la casa de la carne”. Una historia sobre los reveses amorosos de un fulano que se gana la vida controlando cuerpos humanos vacíos y utilizados para todo tipo de trabajos; entre ellos el alivio sexual de los curritos. Como relato de iniciación y maduración personal es notable; comparte la visión desencantada y amarga del amor de algunas de sus mejores piezas breves, con el plus de una aproximación más visceral. Como acercamiento a la temática zombie alejada de las corrientes dominantes no tiene precio.

Aunque estos últimos relatos palidecen cuando se comparan con la obra maestra “Los reyes de la arena”. Su relato más conocido, una historia repleta de tensión narrativa con tintes Frankesteinianos en la cual brilla su aterrador protagonista: Simon Kress. Un aburrido megalómano cuyos juegos con una especie alienígena tienen consecuencias terribles. Una pieza traducida una decena de veces y que merece leerse como lo leímos la mayoría: vírgenes de ideas preconcebidas.

Al final, me queda la sensación de que si no se conocen estos últimos relatos, el libro puede merecer la pena. Sin embargo, para los más talluditos que hayan leído colecciones como Canciones que cantan los muertos o Los viajes de Tuf, veo más complicado recomendar pasar por caja. A no ser, claro, que se sea un Martin zombie, como servidor, o se desee una edición cuasi íntegra de la obra autor traducida por Cristina Macía. Lo que también es un plus.

Híbridos y Engendros / Autobiografía literaria 2 (Gigamesh, col. Gigamesh Ficción nº51, 2013)
GRRM: A RRetrospective (2003)
Traducción: Cristina Macía
Rústica. 480pp. 22 €
Ficha en la web de La tercera fundación

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