Astronautas, de Stanislaw Lem

AstronautasA finales de los años cuarenta, Stanislaw Lem se encontraba en un momento vital complicado. Por un lado, su novela, El hospital de la transfiguración, no recibía luz verde para ser publicada por culpa de una censura que le exigía continuos cambios, y, por el otro, no se decidía a presentar su tesis de licenciatura en medicina para no acabar destinado como recluta forzoso en una guarnición militar de provincias. Así que los problemas económicos acuciaban a un atribulado Lem. Pero haciendo caso a una sugerencia de un amigo del Consejo de Escritores decide pergeñar a toda velocidad una novela de ciencia ficción, escrita con todas las concesiones posibles para pasar la censura sin problemas y que, inesperadamente, cosecharía un enorme éxito que salvaría la carrera y casi la vida de Lem; Astronautas, la novela que Impedimenta, embarcada en la sagrada misión de traducir y publicar todo Lem en castellano, ha lanzado recientemente en una cuidadísima e impecable edición.

Tal y como las circunstancias en las que fue concebida, escrita y publicada sugieren, Astronautas es una novela que ni de lejos alcanza el nivel de las posteriores obras de Lem, es más, a ratos resulta bastante ladrillo por diversas razones. Pero antes de entrar en materia cerremos rápidamente el trámite de contarles el argumento. En un futuro lejano en el que el mundo ha abrazado el socialismo y la humanidad ha derrotado a la peste, la guerra y el hambre, una sonda extraterrestre se estrella en Tunguska. En su interior los científicos descubren un aparatito que ha estado monitorizando a los seres humanos con aviesas intenciones y se determina que su origen es el planeta Venus. Así que como es mejor prevenir que curar, se envía a Venus la nave interplanetaria Cosmócrator tripulada por una expedición de científicos que determinarán el alcance y la dimensión de la amenaza venusiana y harán algo al respecto (si pueden).

Sigue leyendo

High-Rise, de Ben Wheatley y Amy Jump

High-Rise

El acontecimiento cinematográfico del 2016 que me tenía más culturalmente palote era sin duda alguna el estreno de High-Rise, la adaptación de Rascacielos de J.G. Ballard, novela culminación de la trilogía brutalista precedida por La isla de cemento y Crash. Digo acontecimiento porque los encargados de llevar Rascacielos a la pantalla grande serían el cineasta británico Ben Wheatley y su habitual guionista, Amy Jump, de quienes tengo en alta estima dos de sus películas; Kill List (2011), una extraña reelaboración en clave terrorífica del mito artúrico y el camino del héroe y, sobre todo, la magnífica, divertidísima, retorcida, inteligentísima, demoledora, graciosísima, y todos los -ísimos/as que le quieran añadir; Turistas (2012), que si no la han visto ya no sé que han estado haciendo con sus vidas.

Sigue leyendo

Challenger, de Guillem López

ChallengerPara el cretino que anida en mi interior resulta tentador acercarse a un libro como éste, con un cúmulo de valoraciones encendidas prácticamente unánimes, con ganas de comprobar cuánto hay de cierto entre tanta palabra grandilocuente y, si se tercia, marcar la diferencia. No hace falta decir cómo. Sin embargo en el caso de Challengerdespués de 100 páginas ya estaba experimentando lo mismo que ha llevado a ese puñado de lectores a apreciarlo tal y como lo han hecho y a preguntarme qué habría sido de él si en lugar de haberse publicado en una colección con una distribución muy limitada hubiera aparecido en algún sello de tamaño mediano que asegurara una mayor difusión. No, no estoy pensando en un hipermegaéxito de ventas, pero sí en algo de visibilidad para un título cuyo alcance parece reservado exclusivamente para lectores muy muy muy metidos en el mundillo.

Challenger es un fix-up de 73 relatos que transcurren el 28 de Enero de 1986 en un intervalo de unas pocas horas alrededor del accidente del Challenger, en su inmensa mayoría en el área metropolitana de Miami. Narrados prácticamente todos en tercera persona, cuentan con un personaje mediante el cuál se observa qué está viviendo en ese momento y, en la medida de lo posible, la posible conexión con alguno de las otros 72 retazos de la obra. Tal acumulación de piezas puede asustar dado su número, su breve extensión, estar en una secuencia aparentemente aleatoria y tener cada uno su propio protagonista “foco”. No hay dramatis personae, ni un mapa de la ciudad, ni una referencia a los vínculos entre ellos más allá de los que el lector acierte a encontrar en su memoria a corto plazo. Afortunadamente Guillem López los sitúa con ingenio y se hace relativamente sencillo interconectarlos.

Sigue leyendo

NOS4A2, de Joe Hill

nos4a2NOS4A2 es una novela larga, muy larga, y concentra sus rasgos más atractivos durante su primer tercio, justo a la hora de definir a sus dos personajes guía: la antiheroína Vic McQueen y su némesis Charles Manx. Manx recorre el país en su Rolls Royce Espectro en busca de niños aquejados de algún tipo de problema con sus padres. Su objetivo es “liberarlos” para conducirlos hasta Christmasland, una dimensión paralela donde espera sean felices por toda la eternidad. A su vez, Vic dispone de una bicicleta gracias a la cual puede conjurar un puente que le permite desplazarse a cualquier punto del país. Un poder que no entiende, utiliza de manera esporádica para encontrar objetos perdidos, y le causa efectos secundarios en la forma de un malestar directamente proporcional a su tiempo al otro lado del puente.

Joe Hill echa a rodar su historia como un LP triple tocado a 25 revoluciones por minuto. Tras un prólogo situado en 2008 donde presenta a Manx, sostiene NOS4A2 sobre la historia de Vic con muuuuucha calma. Esto le permite abordar su logro más notable: el relato de cómo una niña inocente se topa y convive con lo extraño, su relación con unos padres en conflicto y cómo todo ello modela su carácter. Es durante esa construcción, mientras Hill teje su carácter y sus circunstancias, cuando comienza a percibirse una atmósfera desasosegante alrededor de la pérdida de la inocencia y cómo descarrilan los sueños cuya mayor manifestación es la vida de Vic, a la que vemos madurar y padecer las secuelas de su infancia y adolescencia hasta convertirse en madre.

Sigue leyendo

El sable láser de Rey: los cuentos siempre vuelven

Rey vs Kylo Ren

Hay veces en la ficción en las que un momento concreto hace de bisagra, y a partir de él nada es como antes. Ese instante de cambio puede ser un sacrificio, un acto de valentía o cobardía, o un segundo esclarecedor, de entendimiento, y vale tanto una acción como una palabra o una idea simple. Lo que debe tener de particular ese momento bisagra es la capacidad para romper el curso de lo que se está narrando, de manera que las cosas cambien o alteren sustancialmente la percepción tanto de situaciones como de personajes. Ese momento de claridad lo vive Emma cuando se da cuenta de que ella, tan listilla, tan celestina de mansión inglesa, está enamorada de Knightley como una colegiala. Le sucede a Neo cuando, en lugar de huir, se sacude el polvo e invita al agente Smith a que vaya a por él. Le ocurre a Gandalf al enfrentarse al Balrog en el puente de Minas Tirith. Lo tiene de aceptación Superman en Man of Steel cuando sale de entre la chatarra de Smallville, los soldados se apartan y le dejan pasar y el coronel Hardy anuncia que ese hombre no es su enemigo. Aparece en Sigfried cuando el héroe que no conoce el miedo, después de haber peleado contra un dragón como quien se come una salchicha frankfurt, se echa a temblar al ver por primera vez a Brunhilde. Da lo mismo que se trate de un criticado blockbuster o de un ambicioso festival escénico-musical de 15 horas, en esos momentos de anunciación aparece un personaje que adquiere consciencia de quién es, de su tiempo, de lo que sus acciones significan, un personaje que por decirlo de algún modo provoca un silencio entre los testigos invisibles. La resonancia que dentro de nosotros provoca ese silencio, y da lo mismo que suceda en un teatro de ópera, en una sala de cine o en el espacio reducido que es la página de una novela, explica en parte por qué leemos, vamos al cine y escuchamos música. No debe extrañar que, en esencia, reducidos a su forma más simple, esos personajes que conocen una transfiguración provengan de los cuentos infantiles; sobre todos los que cambian positivamente al protagonista y modifican para bien el curso de la historia, los que se convierten en emblemas, símbolos, figuras míticas. Ese momento lo conoce Rey en Star Wars 7 cuando se enfrenta a Kylo Ren y utiliza la Fuerza para empuñar el sable láser que hasta entonces ha rechazado.

Sigue leyendo

Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza

Lobas de TesaliaComo se habrán imaginado ya, yo de chaval era un niño gordo, introvertido, retraído y asocial (no he cambiado nada), que se pasaba las vacaciones de verano releyendo tebeos y hurgando en la pequeña biblioteca de mi padre en vez de quedar con otros niños para liarnos a piñazos, cazar lagartijas o darle patadas al balón, algo de lo que aún hoy día me arrepiento muchísimo (“Desgraciado aquel que vuelve la mirada hacia horas solitarias en vastos y lúgubres recintos de cortinados marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes”, escribía Lovecraft en un momento de gran lucidez). Entre mis lecturas preferidas de niño loco se encontraba la Historia Universal del sueco Carl Grimberg, doce pequeños tomos originalmente publicados por la Editorial Daimon en 1967, que desgranaban la tragicomedia humana con rigor escandinavo y que, por una mezcla de aburrimiento y curiosidad, me dio por hojear un día; El alba de la civilización, Grecia, Roma. No pasé de ahí, la Historia Antigua me había volado la cabeza. Lo que primero me atrajo fue la mitología, que me parecía alucinante literatura fantástica años antes de que yo supiera qué era eso. Estaba tan pirao que, como Lovecraft, abracé el paganismo ya de chaval (afortunadamente para mi madre no me dio por levantar altares a Dionisos o sacrificar ranas). Y es que, ¿quién podía creer ya en una religión tan aburrida como el cristianismo después de haber conocido un mundo de Titanes, Dioses, Monstruos (¡hasta robots!) y pasiones desbordadas, amorales y salvajes?. Poco después también aprendí a valorar el relato histórico que también tenía algo de mitológico. Yo aquello me lo leía como el que se lee ahora Juego de Tronos; faraones que encontraban reinas en la tierra del fin del mundo, templos inmensos abarrotados de momias de gatos, monos y cocodrilos, asirios destruyendo Babilonia, palacios en Cnossos, la reina Tomiris ahogando la cabeza de Ciro el Grande en un odre de sangre, las Termópilas, la Anábasis, elefantes trepando por los Pirineos, grotescos asesinatos familiares, la sangre corriendo por el mármol, las legiones conquistando el mundo… En fin, un relato de flipar que releía una y otra vez y que me dejó tarao para toda la vida, como suele ocurrir con todas esas cosas que te fascinan durante la infancia.

Sigue leyendo

Música de mierda, de Carl Wilson

Música de mierdaEn estos 16 años dedicado a la crítica amateur he cambiado tanto que me cuesta reconocerme cuando me da por releer alguno de textos escritos hace más de un lustro. Todavía no puedo decir que haya pasado media vida, pero la expresión se puede quedar corta si considero la evolución de mis intereses, mi aprecio por determinadas características narrativas, mi manera de enfocar ciertos comentarios. En este tiempo he mantenido todo tipo de acordes y desacuerdos; impresiones compartidas por prácticamente casi todo el mundo, reseñas en minoría en las cuales me quedaba en solitario frente a una mayoría que loaba o masacraba un libro… En algún momento del camino me sentí interesado por iniciarme en la crítica literaria formal. No obstante la pereza, ser un yonqui de la narrativa, involucrarme en otros asuntos dejaron el proyecto en mera intención. De ahí que siempre me haya sentido incómodo cuando se me ha etiquetado como “crítico”, ya fuera en conversaciones informales, los dos años sirviendo en el jurado del premio Xatafi-Cyberdark, en alguna mesa redonda o al aparecer mencionado en según qué artículo. Aunque en los textos que escribo siempre he desarrollado mi visión más allá del argumento y mi gusto personal, este último ha dominado cualquier valoración. Este rollo macabeo rayano en la justificación autocomplaciente es mi manera de apuntar por qué me he sentido tan cerca de Carl Wilson en Música de mierda. Supongo una obra tan marginal para los iniciados en los misterios de la crítica literaria o la estética de la recepción como una lectura valiosa para lectores menos bregados en estos temas. Especialmente si acostumbran a dejar negro sobre blanco sus opiniones en internet.

Sigue leyendo

Recomendaciones día de la lectura 2016

Día de la lectura

El sábado se celebra un evento marcado a fuego en el calendario por editoriales, autores y libreros: el día de la lectura. Una jornada en la cual los libros toman la calle para darse un pequeño y merecido baño de masas. Las novedades que apuntan hacia este momento son legión, preparadas para aprovechar el viento fresco de miles de compradores empujados por la efémeride, los medios de comunicación y el tradicional 10% de descuento.

Dispuestos a participar de la fiesta, hemos preguntado a un grupo de lectores sus recomendaciones entre libros de ciencia ficción, fantasía o terror. Para centrar esa tarea delimitamos la selección a una novedad, un clásico y un título “libre”, con flexibilidad en la interpretación de cada etiqueta. El resultado son 24 libros de muy diversa procedencia entre los cuales resulta fácil encontrar títulos tentadores para cualquier lector. Si alguien se siente atraído por nuestra propuesta y le apetece participar con sus sugerencias, los comentarios están abiertos. ¡Únete y añade tus recomendaciones!

Sigue leyendo

El Libro de las cosas nunca vistas, de Michel Faber

El Libro de las cosas nunca vistasEsta es la típica lectura que invita a hacer una reseña de destrucción masiva. El análisis FIAWOLesco en el cual el aspirante a entendido se luce con las cuatro cosas que cree saber de un género y sus mecanismos a costa de los puntos débiles en una obra que encuentra meliflua, desnortada, apoyada en diálogos insustanciales y, sobremanera, excesivamente extensa para lo que termina contando. Pero quizás por ser tan fácil caer en ese análisis destructivo (y haber leído hace nada Música de mierda, de Carl Wilson, libro que les recomiendo desde ya), me sienta inclinado a tomar un camino más constructivo. Establecer una pequeña búsqueda de por qué Michel Faber ha podido escribir El Libro de las cosas nunca vistas. Entre sus valedores cuenta gente tan poco sospechosa de caer en los elogios desmedidos como Philip Pullman o David Mitchell, y ha inspirado análisis críticos bastante elogiosos como éste.

A lo largo de sus 600 páginas, Michel Faber plasma la epopeya de Peter Leigh, un sacerdote enviado al planeta Oasis por una corporación privada. Allí se ha establecido una base poblada por personal técnico; un grupo de ingenieros, mecánicos, médicos… cuyo propósito es establecer una colonia. En esa compañía Peter, con facilidad para entender los problemas personales a su alrededor, se siente alienado. Apenas comparte nada con el resto y acusa la distancia de hallarse a media galaxia de su iglesia y su mujer, Bea. Sólo puede comunicarse con ella a través de correos electrónicos en texto plano, un parche insatisfactorio y problemático a la hora de mantener la relación. En este contexto, se entiende su estado de ánimo y la entrega a su misión: llevar la palabra de Dios a un grupo de nativos ya iniciados en el cristianismo. En ciclos de 360 horas (unos 5 días en tiempo del planeta), convive con sus nuevos fieles y, mientras se implica en su día a día, llena los vacíos y dependencias de su interior.

Sigue leyendo

Prayers to Broken Stones, de Dan Simmons

Prayers to Broken StonesSiempre me resultó curioso cómo, a comienzos de los 90, Dan Simmons se convirtió en una cierta garantía de ventas en España y su editorial, Ediciones B, no le dio la más mínima oportunidad al campo en el que había conseguido resultados más notables: el relato. Quizás la única colección con la que entonces contaba, Prayers to Broken Stones, ya hubiera visto traducida la mitad de su contenido; quizás imperó el miedo al desencuentro entre relatos y público; quizás influyera el asunto del elevado coste pagado por sus derechos, aireado por Miquel Barceló en una de sus entradas en su blog al comienzo de cada nuevo título de Nova Ciencia Ficción… Sea como fuere, un cuarto de siglo más tarde parece olvidado que, aparte de Hyperion y tochazos de más de 600 páginas, Simmons fue uno de los más reputados cuentistas de terror de la década de los 80.

Andaba temeroso de comprobar cómo me acercaba a varios de estos relatos con dos décadas más en el cuentakilómetros y varios galones de cinismo en el depósito. Historias con una cierta inclinación por lo macabro, capaces de hacer surgir el terror de situaciones cotidianas y con una afilada vena satírica, pero con espacio para narraciones más sensibles donde cada recodo rezuma sentimiento de pérdida. Tal es el caso del relato elegido para abrir Prayers to Broken Stones: “El río Estigia fluye corriente arriba”. El cuento con el cual Simmons impresionó a Harlan Ellison en un taller de escritura en Denver en 1981. Una carta de presentación difícilmente mejorable.

Sigue leyendo