The Phoenix and The Mirror, de Avram Davidson

The Phoenix And The MirrorDesde que leí las dos listas de libros de David Pringle hay un puñado de títulos no traducidos revoloteando por mi cabeza a la espera de confirmar si merecen o no estar ahí. Dentro de un hipotético Top-5 junto a The Complete Roderick de John Sladek, The Dancers at The End of Time de Michael Moorcock, The Dream Years de Lisa Goldstein y The Centauri Device de M. John Harrison estaba The Phoenix and The Mirror, de Avram Davidson. Con la evolución del mercado era del todo imposible verla traducida (como el resto), así que armado de paciencia y un buen diccionario he dado cuenta de esta, en palabras de Pringle, excéntrica obra maestra.

Ya desde sus primeras páginas, The Phoenix and The Mirror muestra su carácter. Sitúa al lector ante una fantasía en tiempos del Imperio Romano, pero no el más verosímil reconstruido a partir del trabajo de historiadores de los dos últimos siglos sino uno recreado a partir del ideal que de él se podía tener en los estertores de la Baja Edad Media; una hibridación entre el primer Imperio de Augusto y la memoria macerada tras mil años de descomposición de su recuerdo y la inevitable sublimación de su carácter legendario, mitológico, mágico. Una tarea abordada por Davidson desde los valores de una modernidad ahora mismo fuera de onda.

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El silencio de las sirenas, de Beatriz García Guirado

El silencio de las sirenasLa literatura que me parece realmente interesante es la que permite disfrutar las historias a distintos niveles, en donde podemos agarrarnos a una narración atractiva a la par que nos genera cuestiones, tengan estas respuesta o no. No criticaré la narrativa basada en el pasatiempo e inmediato olvido, aunque reconozco que agradezco que se realicen intentos por ofrecer obras ambiciosas a los lectores que buscan alternativas al panorama habitual.

En esta ocasión, Salto de Página vuelve a apostar por una autora novel y publica El silencio de las sirenas, de la periodista y editora de Láudano Beatriz García Guirado. Un artefacto -de estupenda portada- cuya sinopsis describe una historia que parece imposible de encajar en la extensión de la novela. Pero donde desde las primeras páginas se encuentra una ágil ficción de llamativa originalidad.

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Medio Rey, de Joe Abercrombie

Medio ReyHay un chaval que estudia para clérigo, el hijo menor del monarca de un reino en perpetuo conflicto con su vecino del norte. Como todos los territorios alrededor del Mar Quebrado, ambos viven supeditados a un Señor, el Alto Rey, que les deja autonomía y hace un poco la vista gorda ante sus desavenencias cotidianas del día a día. El mozo se dedica a sus estudios y tiene entre ceja y ceja superar La Prueba, la puerta de entrada hacia su desempeño como sabio, sanador, consejero, historiador, maestre del lugar donde le toque servir. En la corte se le observa con entre lástima y desprecio. Tiene una malformación en un brazo que le ha marcado desde su nacimiento. Sin embargo un día su destino cambia cuando su padre y su hermano son asesinados durante un encontronazo con las tropas del reino vecino del norte. A la velocidad de Júpiter tronante el zagal se ve aupado al trono, prometido a la hija de su tío y, pin pun pan propuesta, se le urge a vengarse de los malandrines autores de la fechoría. Se organiza una expedición de castigo para ajustar cuentas y, mientras se desarrolla, descubre lo que era de esperar: no todo es como se le había descrito. Este es el comienzo de Medio Rey, primera novela de tres previstas (y ya publicadas en castellano) en las que Joe Abercrombie ha abandonado por unos meses su mundo de fantasía más conocido para sumergirse en el terreno de la fantasía infant… juvenil. Un campo al cual aporta más bien nada.

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El Reino, de Emmanuel Carrère

El ReinoEl Reino es un libro polifacético. En su interior no sólo se encuentra una búsqueda personal de los orígenes del cristianismo a través de las escasas fuentes documentales existentes. Es una exploración de cómo se establecieron los dogmas y, al mismo tiempo, una labor de introspección en la cual un antiguo creyente indaga en los orígenes de su fe, su evolución o su perspectiva veinte años después de haberla perdido. El recuerdo de alguien perturbado por la idea de la creencia en la resurrección de los muertos o el sacramento de la consagración, humilde y elocuente a la hora de plasmar sus pensamientos y dudas. Pero especialmente es un estupendo ejercicio de metaliteratura donde Carrère pone en juego su manera de enfocar la narrativa.

El autor de Limonov y De vidas ajenas inicia El Reino situando de nuevo su vida bajo el objetivo de su narración y recuerda una crisis personal que le llevó a convertirse en un ferviente católico. Esa etapa le lleva a recuperar un antiguo diario de cuando estudiaba el Evangelio de Juan diariamente, la puerta de entrada hacia el nacimiento del cristianismo y la figura de Pablo de Tarso. Un periodo de medio siglo tras la muerte de Jesucristo convertido en el eje central del libro.

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Lavinia, de Ursula K. Le Guin

LaviniaGuardo un gratísimo recuerdo y un tremendo cariño por la mayor parte de lo que Ursula K. Le Guin escribió entre finales de los 60 y la década de los 70. Sin embargo sigo particularmente atraído por lo logrado en sus dos últimas novelas de Terramar: Tehanu y En el otro viento; cómo en una serie tan a la contra de la fantasía post El Señor de los Anillos y supuestamente clausurada en La costa más lejana fue capaz de ir más allá y narró aspectos hasta entonces inexplorados, caso del aprendizaje de la vida una vez se ha perdido un poder casi absoluto o la cesión de la responsabilidad a las nuevas generaciones. En esa exploración de nuevos senderos según Le Guin ha sumado años y ganando experiencia vital, Lavinia está hermanada con estas historias de Terramar y supone un nuevo logro en una carrera plagada de ellos.

Le Guin parte de La Eneida para ofrecer el punto de vista femenino del segmento final de la epopeya. Un poco a la manera de Marion Zimmer Bradley y sus relecturas de La Iliada o el ciclo Artúrico, la autora de La mano izquierda de la oscuridad recupera el pulso de sus mejores obras gracias a la voz de su narradora: Lavinia, la única del rey del Lacio, destinada a convertirse en la mujer de Eneas.

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This Is The Way The World Ends, de James Morrow

This Is The Way The World EndsSi no me falla La Tercera Fundación, James Morrow apenas tiene dos novelas publicadas en España: Su hija unigénita y Remolcando a Jehová; sendas sátiras sobre el cristianismo construidas sobre el absurdo de la lectura literal de sus dogmas, textos… En 1986, cuatro años antes de escribir la primera de ellas, Morrow había sorprendido al mundo de aficionados a la ciencia ficción y la fantasía con This Is The Way The World Ends, una mirada menos ácida y cargada de una enorme tristeza sobre uno de los temas claves para entender la segunda mitad del siglo XX: la Guerra Fría y el miedo a un holocausto nuclear.

Morrow alimenta This Is The Way The World Ends con el pánico nuclear, alentado durante los años 80 por la Iniciativa de Defensa Estratégica y una serie de ficciones que volvieron a poner de actualidad los efectos de la radiactividad sobre la población (The Day After, Cuando el viento sopla). Su protagonista, George Paxton, un hombre común que talla lápidas en un cementerio, se enfrenta al dilema de cómo conseguir un traje SCOPAS; el equipo de protección esencial para sobrevivir a la radiactividad. No tanto por él como para proteger a su hija pequeña. Después de firmar un contrato extravagante consigue uno para, en su regreso a casa, observar en el horizonte la detonación de un misil y el posterior hongo atómico; el aldabonazo de inicio a un holocausto nuclear. Entre los cascotes de una ciudad destruida, mientras intenta reunirse con su familia, sufre un violento encuentro con otro superviviente y, a punto de morir, es salvado por la tripulación de un submarino con destino La Antártida. La única zona del planeta a salvo de las detonaciones por el momento.

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El rito, de Laird Barron

El rito de Laird BarronEl rito es la primera novela de Laird Barron después de una década publicando narrativa breve. Este tiempo dedicado a la escritura de relatos se deja notar en su estructura; está construida a partir de nueve capítulos que conforman cuatro historias interconectadas entre sí. Las dos más extensas comienzan en el tercer capítulo y se intercalan hasta el final en capítulos alternos para componer dos acciones en paralelo que suceden con 30 años de diferencia. En ambas somos testigos de cómo su protagonista, Donald (Don) Miller, se enfrenta al misterio que rodea a su esposa, Michelle. Una antropóloga de prestigio con un insólito gusto por hipótesis extravagantes como la Tierra hueca, con la que mantiene una relación basada en la pasión, el respeto y la independencia.

Michelle realiza viajes alrededor del mundo de los cuales Don tiene una información imprecisa. Barron las utiliza para sembrar semillas de sospecha. La más importante llega en el segundo capítulo, un viaje a México a finales de los años 50. Durante unos días de relax, Michelle recibe una llamada que la invita a acudir a unas excavaciones. Su ausencia desencadena el encuentro de Don con lo extraño, primero en un plano “real” a través de su cruce con unos personajes desconocidos con intereses vagos, y más adelante en un sorprendente giro sobrenatural. Son 40 páginas en las cuales se establecen las pautas de lo que será el resto de la novela, una historia coprotagonizada por una Michelle que como personaje es un gran interrogante, definida por sus ausencias y las consiguientes dudas de Don.

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22/11/63, de Stephen King

22/11/63El asesinato de JFK en Dallas, el 22 de Noviembre de 1963, es uno de los fulcros de la historia de EEUU del siglo pasado. Sobre el suceso se han escrito miles de libros, no ya desde el campo de la (supuesta) no-ficción. Novelistas como Don DeLillo (Libra) o James Elroy (América, Seis de los grandes) lo han utilizado como punto de partida o final para indagar en las causas, radiografiar algunos de sus participantes desde el mundo de la ficción o plasmar una visión de su país en los momentos previos a ese punto de inflexión. King, un adolescente en aquel momento, también lo ha convertido en el motivo central de esta novela. Un proyecto de larga gestación, prácticamente desde su inicio como escritor en la década de los 70. Sin embargo no pudo llevarlo a buen puerto hasta bien avanzado este siglo, cuando pudo dedicarle la ingente labor de documentación que demandaba.

La novela, larga, muy muy larga, arranca con un tutorial de 200 páginas durante las cuales su narrador, Jake Epping, se introduce con el lector en los entresijos del viaje en el tiempo tal y como King lo ha concebido. A través de un conocido, Epping descubre una pequeña grieta que le permite viajar a un día concreto de 1958: la madriguera de conejo. El regreso al presente mediante esa singularidad se realiza siempre dos minutos después de haber partido, cualquier materia transportada en ambos sentidos se conserva, iniciar un nuevo viaje a 1958 pone a cero los cambios introducidos en la anterior ocasión… El funcionamiento de la discontinuidad parece definido para eliminar cualquier posible paradoja. King no está interesado en contar una historia de viajes en el tiempo más.

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Grendel, de John Gardner

Grendel

Ya iba siendo hora que escribiera una modesta reseña sobre Grendel, de John Gardner, reseña que en mi cabeza iba a ser más larga, más compleja, más culta y más de todo, pero que a la hora de ponerla por escrito se ha quedado en un vulgarísimo  “destripo el argumento y arreando” (¡aviso!). ¿Y por qué Grendel, una oscura novela de un escritor ya un poco olvidado que alcanzó su mayor momento de gloria cagándose en la obra de casi todos sus contemporáneos? (bueno, exagero, Pringle la incluyó en su selección de las cien mejores novelas de literatura fantástica anglosajona y además se ha reeditado recientemente en la colección Fantasy Masterworks). Pues no lo sé muy bien, pero es otro de esos libros con los que estoy obsesionado, que me lleva acompañando desde que lo leí por primera vez hace más de veinticinco años, y, como suele ocurrir, en cada relectura he ido descubriendo nuevos significados que han ido marcando mi crecimiento como lector. También, con el tiempo, se ha convertido en una especie de grimorio que guardaba las claves para interpretar o desentrañar otras obras, aparentemente tan dispares como Soy leyenda de Richard Matheson, Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq, el Brian the Brain de Miguel Ángel Martín, el American Psycho, de Bret Easton Ellis o la peripecia de Dawn Wiener, la antiheroína de las películas de Todd SolondzPor no hablar de la reciente irrupción, sobre todo en el medio televisivo, de un arquetipo que fascina a las audiencias, el personaje misántropo que navega contra los valores (o la narrativa, que se dice ahora) de su tiempo (True Detective, Mr Robot, House, Dexter, etcétera), pero cuyo verdadero origen dejo a gente más inteligente y culta que yo.

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Tik-Tok, de John Sladek

Tik-TokAunque ya lo he comentado otras veces, me apena ver novelas como esta sin un hueco en el mercado. Libros de hace más de dos décadas, con menos de trescientas páginas, alejados de las corrientes contemporáneas y con una acusada componente sociopolítica. A lo que en este caso se une una vertiente satírica que la hermana con el fantástico descendiente de Jonathan Swift y, por tanto, la separa de la estirpe de Verne o Wells, hoy en día la más común y considerada como “importante”. Librerías de viejo, bibliotecas con fondo, ebooks conseguidos de aquella manera o aprender idiomas son las vías de acceso de los reacios a olvidar que la ciencia ficción tuvo un pasado más allá de la última década y los títulos reeditados treinta y cinco veces en cuatro colecciones distintas. Un pasado muchas veces si no deslumbrante sí con sus fogonazos de inteligencia, ingenio y perspicacia.

En Tik-Tok, John Sladek construye un demencial reflejo de las historias de robots asimovianas. Mediante la primera persona se introduce en la mente de un robot que, en el capítulo inicial, comete su primer asesinato. Este punto de ruptura da pie a un recorrido oscilante entre el relato de sus correrías posteriores y el recuerdo de su vida hasta ese momento. Una sucesión de acontecimientos a cada cual más extravagante.

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