Viaje a Arcturus, de David Lindsay

arcturussHe de confesar que en lo que a literatura fantástica se refiere, soy anglófilo de pro. Siempre he tenido debilidad por los escritores de las Islas Británicas, autores por cuyas cabezas bullía lo extraño y maravilloso, aderezado con una considerable carga de mala leche y humor cabrón, todo ello escondido bajo una fachada de buenas maneras, formalidad y stiff upper lips. Aparte de la insularidad geográfica y mental, o la falta de luz solar que obliga a pasar el día metido en casa o en el pub cavilando majaderías para pasar el rato, la teoría más convincente es que la culpa de todo la tiene la influencia de Stonehenge y los túmulos, crómlech y pedruscos neolíticos varios que abarrotan las Cinco Naciones como catalizadores del pasado druídico, mágico y esotérico que ni los romanos pudieron dominar del todo. La religión y las convenciones sociales no pueden reprimir completamente este océano arcano del subconsciente que por algún lado tiene que salir, ya sea por lo artístico o por lo criminal. La tradición es larga, desde Jonathan Swift hasta M. John Harrison pasando por Mary Shelley, Lewis Carroll, William Hope Hodgson, Arthur Machen, Robert Aickman o J.G. Ballard, los escritores de las Islas están muy piraos y por tanto, molan. Y dentro de esta venerable tradición de escritores iluminados entraría el escocés David Lindsay y su asombroso Viaje a Arcturus.

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Luna nueva, de Ian McDonald

Luna nuevaSentía curiosidad por cómo Ian McDonald terminó siendo publicado en un sello tan a la contra de lo que ha sido sido su escasa obra traducida en España. A falta de un prólogo de Miquel Barceló, del cuál Luna nueva carece, son reveladoras las palabras de la editora del sello, Marta Rossich, en una de las entrevistas entre amigos de Jot Down Magazine. Acude a un argumento de peso que expone con honestidad una de las líneas editoriales de la nueva Nova: la CBS ha comprado sus derechos con vistas a una futurible adaptación televisiva. Ya se sabe, cualquier material susceptible de convertirse en bomba audiovisual es un imán para los buscadores del próximo fenómeno de ventas.

Construir identidad editorial lo llaman.

Y a poco hábiles que sean los productores, tal éxito no parece descabellado. Con Luna nueva McDonald ha urdido un culebrón de aúpa para uso y disfrute de los fans a las familias enfrentadas, el romance, las tensiones generacionales y los complots para hacerse con una posición predominante en la sociedad X, el mercado Y o el nicho Z. La materia prima que modeló Dallas, Dinastía, Los Colby o Falcon Crest, con las cuales no debería avergonzarnos relacionar una novela que acierta a explotar la fascinación por las puñaladas traperas, los odios enquistados y todo tipo de conspiraciones en la sombra, mientras los reviste con un ropaje de ciencia ficción tan meditado como la estructura de la propia narración. Un atractivo extra para cualquier ficción televisiva ahora que se busca un marchamo especial para diferenciarse en la sobrecargada parrilla del marasmo de cadenas y creadores de contenido estadounidenses.

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El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro

El gigante enterradoHa pasado una década desde la publicación de Nunca me abandones, aquel fabuloso ejercicio de voz narrativa que más que una historia de clones funcionaba como alegoría sobre cómo se mantiene bajo control la sociedad occidental. Una novela construida, como suele ser norma en Ishiguro, a partir de un narrador que marca el tono y su devenir desde la primera a la última línea. Ese rol preponderante del narrador, cómo su elección determina hasta los aspectos más insospechados de su obra, vuelve a ser una de las señas de identidad de El gigante enterrado, su esperada nueva novela. Un trasunto de juglar relata cómo una pareja de ancianos britanos abandonan su guarida subterránea en busca de su hijo. Su modo de vida, el paisaje de la Inglaterra de la Alta Edad Media, la manera de orientarse en ese entorno… se enfocan desde una perspectiva actual y, casi diría, naif. Un discurso ajustado para lo que al principio parece una fantasía medieval adosada al mito artúrico, en el interregno entre la caída del Rey y la creación de los reinos sajones. Pero a medida que pasan las páginas y su senda se tuerce, el tono cambia de la mano de la mirada crepuscular y fantástica a ese mundo detenido en el tiempo.

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Espectra, de Pilar Pedraza

EspectraEspectra es un descenso a las criptas de la literatura y el cine para estudiar cómo novelas, relatos, películas y artes plásticas se han acercado a la figura de la mujer muerta. Para centrar su ensayo, Pilar Pedraza divide este campo tan vasto en diversas parcelas: las mujeres que regresan de la muerte, las empusas, vampiras e hijas de vampiros, las mujeres sujeto de lecciones de anatomía, las muertas en brazos de vivos… Nueve clados enmarcados en otros tantos capítulos que funcionan como un pequeño catálogo de referencias inexcusables para los aficionados al fantástico.

La aproximación cronológica es la esperable. Aun así, en ese desglose de las raíces de cada una de las facetas estudiadas, en los relatos de la mitología griega o romana citados, las historias góticas de finales del XVIII o comienzos del XIX mencionadas,ya se vislumbra el talento de Pedraza. Por el conocimiento del fantástico desde sus mismos orígenes pero, sobre todo, por cómo utiliza cada una de las historias para trazar el recorrido por cada faceta e incorporarlo a un discurso homogéneo donde destaca una mirada feminista.

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La Tierra permanece, de George R. Stewart

la-tierra-permaneceEstoy convencido de que mi fascinación con el subgénero postapocalíptico proviene de una fobia social nunca superada. Quiero decir, si me preguntasen como me gustaría verme dentro de diez años, respondería que vagando por urbanizaciones abandonadas y piscinas vacías, consumiendo el contenido de latas que encontrara por ahí y sentándome a mirar los descampaos al atardecer en un estado de feliz suspensión de la consciencia, sin tener que soportar las tensiones de la vida cotidiana y el enorme estrés que me supone relacionarme con la gente y sus erráticos comportamientos a la hora de bajar del ALSA. Y de entre todos los postapocalípticos que he leído, que han sido unos cuantos, uno de los que me dejaron más tocado de la patata fue La Tierra permanece, pero por motivos completamente ajenos a mis enfermedades mentales.

Previamente a la publicación en 1949 de La Tierra permanece, George R. Stewart, un profesor universitario de Lengua Inglesa y variados intereses científicos (topografía, historia, antropología, la entonces incipiente ciencia de la ecología…), había editado dos libros, Fire y Storm, en los que se describía el origen, desarrollo y efectos de un incendio y una megatormenta de esas que salen en el Canal Historia, obras en la que estos fenómenos eran el principal protagonista de la historia. La Tierra permanece se concibió de forma similar, en este caso el meollo de la novela sería el de un mundo en el que el ser humano hubiera desaparecido, una observación científica, especulativa y analítica de la naturaleza evolucionando a su bola, sin ese elemento central, distorsionador que es el hombre. Paradójicamente, esta idea se daría la vuelta sobre sí misma, y lo que Stewart se planteó como una obra científico-catastrofista acabó convirtiéndose en una hermosa parábola humanista como veremos más adelante.

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Hablemos de la Eurocon 2016

EuroCon 2016

Hablemos de la Eurocon 2016 (1). Aunque más que de la Eurocon como un ente bien definido (2) y objetivo (3), hablaré de mi Eurocon (4). Lo de la experiencia en Barcelona se parece a la gota de agua que tira Jeff Goldblum en Jurassic Park: cada vez coge un camino diferente (5). Como hubo varias salas con programaciones simultáneas (6), además de múltiples eventos fuera de los recintos oficiales (7), a los que habría que sumar los que tuvieron lugar en cafeterías (8) y restaurantes (9), sólo veo dos maneras de resolverlo: con un juego de replicación e interdimensionalidad que nadie va a creerse o siendo pobremente subjetivo (10). Además, ¿para qué resumir por escrito los contenidos, si hubo streaming? (11). El mundo entero ha podido seguir cada acto a través de la red, y como todo está grabado, todo ese mundo puede volver a deleitarse con cada golpe de tos y cada palabra mal pronunciada. ¿Tiene sentido entonces resumir ahora lo que cada gota de Goldblum escuchó en las salas? (12) Esta gota vio y escuchó a algunos escritores interesantes y famosos, como Sánchez Piñol, Joe Haldeman, Brandon Sanderson o Richard Morgan (13). No se acercó a pedirles una firma. La gota no es fetichista (14), así que nada de eso puede enseñar. Lo mejor será tirar por la calle de en medio y soltar como breve resumen: fue guay (15)

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Cuentos para Algernon. Año III, selección de Marcheto

Cuentos para Algernon Año IIIHan pasado cuatro años desde el nacimiento de Cuentos para Algernon, un proyecto donde mensualmente se traduce ciencia ficción, fantasía y terror de los autores más señalados que publican en las revistas anglosajonas. Cuatro años de una web amateur cuya impulsora, Marcheto, ha dado a los aficionados la oportunidad de conocer levemente la actualidad del relato en EEUU y Gran Bretaña. Entre los escritores seleccionados tanto ha habido nombres aquilatados como otros más desconocidos, en su mayoría apenas traducidos en España. Esta apuesta en un contexto de mercado en contracción donde la narrativa breve, muy especialmente en el formato antología no temática, tiene un hueco cada vez más reducido, dota a Cuentos para Algernon de su incomensurable valor añadido. Año a año me acerco a estos volúmenes recopilatorios, liberados como el resto de su web de manera gratuita, para participar de esta celebración del relato sobrina nieta de cabeceras como Nueva Dimensión, las Selecciones de Bruguera o las más recientes Artifex o TerraNovas&Co.

Por empezar por un clásico, en este Año III destaca Avram Davidson, un escritor cuya relevancia en España se ha perdido. Como parte del especial de humor se presenta “El hornillo eslovo”. En él plasma el desarraigo de las segundas y terceras generaciones de inmigrantes, el olvido de ese bagaje de usos y costumbres mantenido por sus antecesores durante siglos, mientras se las ingenia para recordar el choque cultural de la primera generación al llegar a su país de adopción y las estúpidas diatribas étnicas arrastradas hasta el nuevo continente. La brillantez está en el ingenio detrás de cómo germina cada faceta a través de la narración y unos diálogos con chispa. Me ha dejado con las ganas de leer más historias suyas.

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Apocalipsis suave, de Will McIntosh

Apocalipsis suaveLos futuros cercanos tortuosos atraen más que los luminosos. Sin conflicto no aparece la tensión y sin esa tensión la historia importa menos que el decoro en una fiesta organizada por Freddie Mercury. Basta observar lo ocurrido con las utopías, tan de moda a finales del siglo XIX, tan vestigio de una época pretérita ahora tenida como escasamente narrativa por el gran público… en el caso que el gran público se acerque a ellas. Mientras las novelas sobre el fin del mundo han perdurado hasta auparse como una de las temáticas más arraigadas y exitosas.

Si se atiende a la evolución del género en los últimos 30 años, es curioso cómo con el auge del cyberpunk a mediados de los 80, aquel futuro oscuro de ciudades superpobladas, control por corporaciones opresivas y catástrofes ecológicas de diversa índole era capaz de espolear una ligera fe en algún tipo de salida a sus particulares ratoneras. Sus mundos estaban en pésima forma pero a la civilización parecía quedarle cuerda. Con el nuevo milenio, esta perspectiva se ha cubierto de un pesimismo creciente. Una vez dejado atrás el pánico a la bomba vivimos los años del hundimiento energético, el cénit de las pandemias, el apocalipsis zombie… Ya sea por el afán de hacer proyecciones verosímiles o conjurar los miedos dominantes, el colapso goza de la salud de Mick Jagger.

La premisa de Apocalipsis suave es contar esa crisis huyendo de acontecimientos catastróficos. Relatar la caída de la civilización en EEUU, y por extensión todo occidente, a la manera de un pequeño deslizamiento de tierras. Desde un futuro cercano sumido en una permanente crisis económica hasta la creación de una comunidad capitidisminuida donde los residuos de nuestra sociedad tienen la oportunidad de perdurar en un porvenir incierto con la única certeza de la reducción de expectativas.

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Un cuento oscuro, de Naomi Novik

Un cuento oscuroRecuerdo mis dos años de jurado del Xatafi-Cyberdark como un festival de grandes lecturas, pero también como una sucesión de libros abandonados; por hache o por b el título X no satisfacía un estándar de calidad alcanzado por varias obras ya leídas, quedaba demasiado terreno por abarcar y un tiempo cada vez más escaso para hallar potenciales finalistas. Entre los volúmenes dejados a un lado estaba El dragón de Su Majestad, el primer volumen de la serie de Temerario. Una novela juvenil en el cual Naomi Novik recreaba las guerras napoleónicas en clave de fantasía; según mi pésima memoria, una historia de aprendizaje rollo Cómo entrenar a tu dragón que no llegó a despertar mi interés (menos después de haber caído rendido un año antes a Jonathan Strange y el Señor Norrell). Tras este desencuentro Novik no se volvió a cruzar en mi camino hasta hace unos meses. Además de un par de recomendaciones de lectores fiables, Un cuento oscuro se hizo con el premio Nebula a la mejor novela. No considero este galardón muy alejado del Hugo, pero la SFWA no es muy dada a reconocer obras de fantasía y menos cuando está escrita por alguien que no pertenece al núcleo añejo de la Asociación. Después de leerla, he encontrado suficientes aspectos atractivos como para comprender un poco tal reconocimiento. También otros que vuelven a poner sobre la mesa los problemas de los escritores contemporáneos para manejar recursos literarios caídos en desuso como la elipsis.

Naomi Novik plantea Un cuento oscuro como el relato en primera persona de Agnieszka, la joven elegida por un mago, El Dragón, para servirle durante la próxima década. Tras ser llevada a su castillo se revela su potencial para la magia, una habilidad alentada de manera tosca por El Dragón que mantiene en todo momento una actitud en el límite del acoso escolar. Como viven en un mundo de inspiración medievaloide todo queda razonablemente justificado, más cuando por medio se vislumbra una amenaza de dimensiones sauronescas. El mago es la primera línea de defensa del reino de Polnya en su lucha frente a una criatura maléfica, El Bosque. Una región corruptora en continua expansión entre Polnya y la vecina Rosya que posee a sus habitantes y se apropia de sus zonas de cultivo.

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Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson

Siempre hemos vivido en el castilloComo soy un tipo gris y poco dado a la originalidad, uno de mis finales preferidos es el de Soy leyenda. En las últimas páginas de su novela más conocida Richard Matheson le daba la vuelta a la imagen del noble en su castillo, el depravado terror de sus súbditos, al mostrar a su protagonista como un residuo atávico reacio a dejar su ciudad en mano de sus legítimos herederos. El reaccionario derrotado por una sociedad nueva a pesar de sus denodados esfuerzos por evitarlo. En una de esas insólitas asociaciones que surgen durante cualquier lectura, recordé esa escena a las pocas páginas de haber comenzado Siempre hemos vivido en el castillo. Justo cuando Mary Katherine Blackwood (Merricat) sale a hacer unos recados por el pueblo situado en la zona rural de Nueva Inglaterra y se da de bruces con la extrañeza de sus vecinos. Es el bicho raro que despierta todo tipo de murmuraciones a su paso. En sí no es una respuesta que pille de improviso; la narración en primera persona por parte de Merricat ya había puesto sobre la mesa su peculiar manera de ver el mundo y la distancia entre ella y, se podría llegar a decir, el resto de la humanidad. Sin embargo durante ese paseo somos mucho más conscientes de la perplejidad con la que se observa a alguien que, a priori, quedó anclada en el pasado. Y de una hostilidad que amenaza con rebosar los límites dentro de los cuales se ha mantenido hasta el momento.

Merricat vive junto a su hermana Constance y su tío Julian en una casa señorial. Los tres son los restos de una familia diezmada unos años atrás durante una cena donde alguien puso cianuro en el azúcar. Apenas las dos hermanas se salvaron mientras Julian quedó postrado en una silla de ruedas. Constance se encarga de la actividad diaria de la casa. Julian redacta una y otra vez pasajes de sus memorias, atrapado por un pasado donde ya no distingue lo que ocurrió de lo que ha recreado a base de recontarse a sí mismo su historia. Merricat mantiene menos obligaciones: hace recados, pequeñas labores y se ve como el ángel protector de ambos. Sin haber asistido a la escuela, sin contacto con otros niños durante su infancia, ha desarrollado una visión del mundo singular. El pensamiento mágico domina su conducta y utiliza todo tipo de totems que sitúa en lugares “clave” con la misión de mantener las amenazas fuera de la casa. Ve como indeseable la presencia de cualquier persona ajena. Así que cuando su primo Charles llega hasta la casa, con unas intenciones entre turbias y aviesas, se ponen en marcha una serie de resortes con unas consecuencias sobrecogedoras.

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